Me siento desnuda cuando el viento me sopla.
El aire me rozaba frío, acariciando los pensamientos y arrancando lo demás de mi mente.
Haciéndome libre y completamente feliz como no lo había sido desde años.
La lluvia ya no cala, la noche no llena , ya no hay nada más que los sonidos de mi alrededor llamándose unos a otros y yo, yo parada siendo una sombra entre las palmeras.
Ya no me suena el corazón lejos del río, ya no respiro fuera de ese espacio pues el aire me atraviesa manteniendome a flote pero sin ser.
Y siento que broto por dentro, que las raíces me anclan a una tierra que no es mía, que no es de nadie. Donde lo salvaje se apodera de todos los resquicios de mi, sin dejar nada más.
Sin ser nada más para nadie.
El aire me rozaba frío, acariciando los pensamientos y arrancando lo demás de mi mente.
Haciéndome libre y completamente feliz como no lo había sido desde años.
La lluvia ya no cala, la noche no llena , ya no hay nada más que los sonidos de mi alrededor llamándose unos a otros y yo, yo parada siendo una sombra entre las palmeras.
Ya no me suena el corazón lejos del río, ya no respiro fuera de ese espacio pues el aire me atraviesa manteniendome a flote pero sin ser.
Y siento que broto por dentro, que las raíces me anclan a una tierra que no es mía, que no es de nadie. Donde lo salvaje se apodera de todos los resquicios de mi, sin dejar nada más.
Sin ser nada más para nadie.