A veces la vida pasa y no sabes como pararla, todo ocurre sin saber muy bien como, y tu corres desesperado viéndola cada vez más lejos.
Otras veces es tan lenta que te carcome los huesos desgastando cualquier ápice de vida que en ellos quede.
Como si de roer fuera el tiempo y se hubiera quedado sin cementerio de elefantes. Siendo tu el siguiente en llegar a las cenizas que se esparcen por el suelo.
Pero no, solo es la puta metáfora, sigues metido en la vida que tan llena y agitada como siempre solo te obliga a parar a ti en un intento por alcanzarte.
Cada vez que la creía lejos, era ella la que me seguía y ahora rencorosa me hace esperar a cada segundo.
Como a un niño chico cuando le das la mano.
Igual de impaciente, me retuerzo en mis entrañas jurando no volver a dejar que me atrape para aferrarse a mi.