Palabra por palabra, se liberó de ella. Cerró los ojos y quedó sumida en el sueño profundo que la hizo surcar mares de lluvia recorriendo aceras, a solas y de día. Sin coches y caminando sin necesidad de saber a dónde. Bañándose en su risa y transportándose sin más, de ciudad a mar.
El frío de un invierno con sol y nubes, le calaba sus huesos. Todos la veían de porcelana, blanca y desde lejos. Se asustan y la consideran diferente.
Pero solo ella sabe que eso es real, ya que los demás ni si quiera están seguros, porque no la conocen.
Le gusta el invierno, el agua y el azúcar.
Desea irse y buscar. Ser libre, para poder dejar atrás lo que le atormenta, pero se encuentra atada a ello.
Escucha, despierta.
Llora.
Se lanza a su cama, se da la vuelta, con los pies en la cabecera y sonríe por ser diferente, por poder sentir aunque sufra. Mientras le atormenta pensar en los que la ven, porque sabe que nunca dejarán de ser iguales.
Mira hacia arriba y se da cuenta de que el pasado no es tan malo porque es lo que le hace ser así.
Piensa que tal vez hay más personas diferentes con las que caminar, cuando no hay coches.
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