Levanté la vista, el aire resbaló de mis pulmones y como una chimenea el humo se difuminó en el momento exacto en el que sus labios me rozaron. La mano derecha me sujeta la nuca y la izquierda se pierde entre mis piernas.
Caricias en el cuello entre suspiros jadeantes, me vibra el alma y me gotea la consciencia.
Me pierdo para resurgir al día siguiente, desnuda, fría y feliz, mirar la ventana y seguir siendo libre de mi misma. Para hoy y el resto de mis días hasta que la muerte me libere de la materia inerte.
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