martes, 27 de febrero de 2018

Chupito

A veces creo que me hará feliz verte y cruzarte la cara.
Otras hasta yo me engaño creyendo que soy recatada y que quiero verte para darte los buenos días como una señorita, pero sé que si mantengo las formas mínimamente durante el segundo que me permita comenzar las palabras, podrías entablar una sonrisa para hacerme perder los papeles y mi inconsciente de quinceañera te revolcaría una vez más en el suelo. 
Luego me das pena.
A ratos aún te quiero
Y sin embargo de manera constante me obligo a odiarte.
Es curioso o como poco peculiar.
Pero... como de entre todas las opciones no me decido, lo mejor sería concentrar todo lo que quiero hacerte en una hora, desquitarme por completo y que nunca más se pronuncie ni tu nombre.
Que te esfumes.
Evaporate de una vez, a ver si con suerte te conviertes en ozono o te traga un agujero negro.
A veces si me esfuerzo hasta me olvido de lo imbécil que eres y hasta me río, otras no dejo de preguntarme quién es peor el tonto o el que va con él.
Pero en mi defensa asumiré una locura transitoria e irrefrenable hacia tu persona sin ningún tipo de sentido lógico, que puede alargarse de los segundos a los años si entro en contacto con tu olor. 
 "Por no olernos más, por no oler el aroma del clímax en el ambiente de cualquier bar"
 (versión refinada y traducida, la versión original queda en las lagunas de la noche)
Dicho con chupito en mano, un borracho nunca miente aunque tu fueras experto, las excepciones solo confirman las reglas.

Morena

Pisar la tierra ardiente y morena.
Volar el aire que respiro a cada inspiración.
Latir los pasos más decidida que nunca.
Palpar las sonrisas robadas.
Camino por la ciudad que me ha acogido años, dejo atrás la que me vio nacer, pero sin duda grabo todo ello en un trocito más de mi.
Enterrar ese trocito de mi que recorrió guerras es una de las cosas más duras que he podido hacer pero aún lo llevo conmigo, fue algo inherente a mi a medida que fui creciendo y ahora es más mío que nunca.
Porque dejo atrás personas a las que amo y he amado con la mayor de las sinceras y absolutas locuras.
Porque hubo gente que lo fue todo para demostrar que no valían nada, para tirarme y obligarme a aprender.
Mi mundo se ha caído ya las veces suficientes como para que no me preocupe tener que volverlo a levantar, digo yo que él también podrá tropezar y cambiar su órbita.
Mis naipes llevan cemento, que alguien ya me enseñó que construirlos en el aire y a base de nada no va bien.
Otros me enseñaron que se puede tener el corazón más grande que el pecho y los ojos del océano que ya han sobrevolado.
Y a día de hoy sólo sé que no sé nada, que hasta los lémures son capaces de tomarme el pelo y sin embargo los orangutanes te pueden querer de manera increíble.
Que lucho cada célula de lo que soy porque bastante me ha costado cuidarlas y convencerlas de que pueden vivir de ilusión.

sábado, 17 de febrero de 2018

Hace un año.

Hace un año, estábamos aquí sentados.....
Ya no reíamos, ya no soñábamos.
Se rompían los planes, destrozabas el alma, o eso creí.
Cuando ya estaba en la mierda aún pudiste sacar más y entonces, me partí.
Lo bueno es que crecí, sin ti, sin querer y sin dejar de quererte pero eso si ya en la distancia. 
El suelo me acarició la espalda meses consolando en parte todo lo que no entendí ni quiero entender, el odio pasó a ser un hueco vacío.
Y ahora ya no creo, ahora ya no encuentro ese sentimiento al mirar otros ojos.
Pero ahora lo siento distinto, lo siento reciproco, me siento libre, me siento bien.
Nunca sola, nunca acompañada.
Libre, siendo yo y sin nadie que al abrazar cierre alas.