Pisar la tierra ardiente y morena.
Volar el aire que respiro a cada inspiración.
Latir los pasos más decidida que nunca.
Palpar las sonrisas robadas.
Camino por la ciudad que me ha acogido años, dejo atrás la que me vio nacer, pero sin duda grabo todo ello en un trocito más de mi.
Enterrar ese trocito de mi que recorrió guerras es una de las cosas más duras que he podido hacer pero aún lo llevo conmigo, fue algo inherente a mi a medida que fui creciendo y ahora es más mío que nunca.
Porque dejo atrás personas a las que amo y he amado con la mayor de las sinceras y absolutas locuras.
Porque hubo gente que lo fue todo para demostrar que no valían nada, para tirarme y obligarme a aprender.
Mi mundo se ha caído ya las veces suficientes como para que no me preocupe tener que volverlo a levantar, digo yo que él también podrá tropezar y cambiar su órbita.
Mis naipes llevan cemento, que alguien ya me enseñó que construirlos en el aire y a base de nada no va bien.
Otros me enseñaron que se puede tener el corazón más grande que el pecho y los ojos del océano que ya han sobrevolado.
Y a día de hoy sólo sé que no sé nada, que hasta los lémures son capaces de tomarme el pelo y sin embargo los orangutanes te pueden querer de manera increíble.
Que lucho cada célula de lo que soy porque bastante me ha costado cuidarlas y convencerlas de que pueden vivir de ilusión.
Volar el aire que respiro a cada inspiración.
Latir los pasos más decidida que nunca.
Palpar las sonrisas robadas.
Camino por la ciudad que me ha acogido años, dejo atrás la que me vio nacer, pero sin duda grabo todo ello en un trocito más de mi.
Enterrar ese trocito de mi que recorrió guerras es una de las cosas más duras que he podido hacer pero aún lo llevo conmigo, fue algo inherente a mi a medida que fui creciendo y ahora es más mío que nunca.
Porque dejo atrás personas a las que amo y he amado con la mayor de las sinceras y absolutas locuras.
Porque hubo gente que lo fue todo para demostrar que no valían nada, para tirarme y obligarme a aprender.
Mi mundo se ha caído ya las veces suficientes como para que no me preocupe tener que volverlo a levantar, digo yo que él también podrá tropezar y cambiar su órbita.
Mis naipes llevan cemento, que alguien ya me enseñó que construirlos en el aire y a base de nada no va bien.
Otros me enseñaron que se puede tener el corazón más grande que el pecho y los ojos del océano que ya han sobrevolado.
Y a día de hoy sólo sé que no sé nada, que hasta los lémures son capaces de tomarme el pelo y sin embargo los orangutanes te pueden querer de manera increíble.
Que lucho cada célula de lo que soy porque bastante me ha costado cuidarlas y convencerlas de que pueden vivir de ilusión.
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