jueves, 15 de noviembre de 2018

Los pies se despegan una vez más del suelo y poco a poco tomo rumbo hacia las copas de los árboles, hacia una de las selvas con las que he soñado.
Vivimos en un mundo con universos internos,donde aún cuando te asomas a través de sus profundidades da vértigo por no ver el final, la altura ni su profundidad.
Los cobardes quedan en su cama.
Los valientes los rodean e investigan.
Y en hay un tercer grupo de gente poco prudente, en el que creo me encuentro...

A un lado  la inconsciencia de la gravedad y la curiosidad desbocada enfrente, que me empujan a adentrarme más y más en un mundo inmenso y diminuto a partes iguales, silenciando cualquier susurro de  personas que se encuentren en otro de los grupos ya mencionados.

He visto luz en las cuevas más profundas, mares tan embravecidos que el mejor corsario no se atrevería ni a mirar y la belleza más arrebatadora en la mirada más humilde e inocente de una niña.

Y todo esto sigue siendo nada frente a lo que mis ojos les queda por ver.

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