La luz es blanquecina y la estancia un vago intento de tapar la sórdida tristeza.
Cada sillón, parece más el aislamiento de un preso en su propia cárcel, su cuerpo.
Cada uno arrastrando su condena con la mayor diligencia posible, con los grilletes fluyendo por las venas.
El primer día fue de límites y los dos que le siguieron de cuidados.
Tomada la decisión de seguir peleando por agrandar los límites de mi cárcel, lo único que queda por hablar es, hasta donde estoy dispuesta a llegar.
Que prefiero la intensidad de los viajes, de la vida y de todas las sonrisas, que en unos días me van a sanar más que cualquier otra cosa.
Que venga si se atreve la tempestad.
Que se atreva a arrastrar la vida , que lo intente si quiere, que me quedan mil vidas por delante.
Que llevo la fuerza del mundo, del que ya conozco y del que aún me queda por descubrir.
No quiero límites
No seré mi propia cárcel.
Seré mi propio sueño, mis ganas de vivir y las ilusiones que me llevan por delante.
Así que me autodeclaro la guerra, conmigo solo podré yo por decisión propia.
No necesito latir, la vida ya hace de marcapasos y aunque la sangre se haga agua, eso solo hará que sea mar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario