martes, 14 de febrero de 2012

168 horas

Despertarme con el traqueteo del metro y sus viajeros frente a mi.
Colandose por mi ventana alquilada en el bullicio del mar de luces, las carreras heladas y los pensamientos violetas de la tarde.
Un día mas con paseos entre polvo y soledades, con sonrisas picaras e imbitaciones a los pies de un amasijo de hierro enredado.
Las caricias que me faltan me dejan la piel aspera y triste.
Escalón a escalón, te dejo atrás deseando volver antes de irme y con la impaciencia de no saber a donde me dirijo.
Otro idioma por una semana, otra ciudad por unos días y una experiencia para todo una vida.
Sin embargo lo que me da miedo es que no estés al otro lado del puente que cruza la calle del apartamento.
No pasear de tu mano ardiendo mientras la mía es un tempano de hielo.
No besarte, durante tanto tiempo.
Una semana.
Siete días.
Ciento sesenta y ocho horas.

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