miércoles, 22 de febrero de 2012

mujeres

San Valentines morados en vez de rosas y rojas, rellenos de crema sin chocolate y lagrimas cambiadas por sonrisas.
Cuanto importa el gesto ese día mientras los demás el amor de la pobre rutina se aleja en el olvido, dejando atrás sus sueños prometidos antes de encontrar anillos o zapatos para la cenicienta trasparente del recuerdo en su memoria.
Que triste es la vida de la ama de casa sin retorno, la que espera su ramo morado esparcido en su cara, que incluso con esas flores abriéndole los ojos a la vez que crecen y marchitan, convirtiendo su rostro en restos amarillentos aún con esperanzas.
El miedo o tal vez la valentía a enfrentarse a él con su día a día. La esperanza de que el mal sueño termine y el beso a la rana por fin lo transforme en lo que no es y nunca será.
Su sueño aparcado en el descansillo de las escaleras del portal, en el que se oyen sus gritos cayados con el palpitar de su corazón abotargado por los golpes.
Desplegar las alas y salir volando el día menos pensado, cuando todo se descubre con chocolate, rosas y sonrisas, que cubren el sepulcro de un cuerpo yaciente en la mente de toda mujer en tu situación

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