martes, 29 de enero de 2013

Yo misma

El miedo es el que nos hace volvernos irracionales, mueve nuestra boca y convoca el aire para que al salir de ella los sonidos formen palabras de suplica y ruegos sin esperanzas.
 Es, sin duda lo que nos recuerda que somos humanos sin ser personas, devolviendonos una pequeña parte de cordura perdida entre delirios de superioridad, al mirar por encima del hombro y ver,  que a pesar de conocer nuestros errores no rectificamos, sin culpa ni remordimientos lo que nos lleva a mirar con la cabeza más alta.
Cuántos llantos de egoístas temerosos al karma y su mala suerte. 
Cuántas personas abatidas bajo el halo de la humanidad perdida entre el miedo que poderoso se ríe a carcajadas, de todos vosotros.
Cuántas miradas de miseria latente soportadas tras ojos pasivos.
Corréis a confesar vuestros pecados para liberar vuestra poca reflexión y repetirlos sin culpa. Libertinaje fallido, cuando descubras que todo lo que dices ya no es un secreto. 

El miedo, ese Dios loco de verdades y mentiras que te hace temblar porque conoces tus actos y son los que más te aterran, por el orgullo de pedir perdón.
Ese que arrasa a las personas, combatiendo sin humanidad porque hace tiempo que se quedó sin seres que la merezcan.
Lo que nos hace ser humanos, no es llamárnoslo unos a otros.
Es hora de arrepentiros de vosotros mismos y admitir que vuestro único Dios omnipotente sois vosotros, al perdonaros todo y pensar que con eso basta, creer que siempre tiene que haber esa segunda opción de una vida eterna en el regazo apacible de lo superior. 
Os desvelo que no, el miedo es el que os crea esa ilusión, que entre todas las visibles a mis ojos es la más irracional.

A mi querido y amado Dios loco, yo misma. Ahora buscar el vuestro que cada cual dice tener uno distinto, que es es el mejor y lo defiende sin conocerlo ni a él ni a si mismo

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