Definitivamente sin palabras, desesperada por mi misma y si lo normal es la locura esto es el delirio de un sueño machacado y atropellado por el tiempo que ya he perdido.
Ahora el qué hago, de mil palabras rondando los vacíos. Los labios sellados por un viento de norte que se pierde en las distancias cuando llega el calor.
Ya desisto de tirar las cosas y me voy, que todos los recuerdos del cuarto son pocos comparado con la instalación de vuestra casa en mi cabeza.
Estáis desahuciados, desalojen y llévense las pancartas de protesta a cualquiera que esté dispuesto a soportar vuestro calvario.
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