domingo, 16 de febrero de 2014

Lo esquivo

Querer hacer la bipartición de tu persona y prepararte para enfrentarte a lo que ya conoces y tienes muy oído. Esas historias que siempre dijiste, no son para mi y ahora eres tu el protagonista correteando por el laberinto de una pregunta.
Sabes la respuesta pero en lugar de girar directamente te retuerces en el entramado de caminos evitándola y llegando a una habitación vacía y sin escapatoria, sin rejas, pero más sellada que mi voz.
Escucharlos hablar y darte consejos pero que no te importan que te niegas a prestarles un mínimo de atención negando cualquier atisbo de esperanza que pueda haber. 
No confías en la arena al tumbarte sobre ella, no confías en tus posibilidades al igual que en tus opciones. Esperas esquivar un golpe que viene para darte de lleno y abrirte los ojos a base de sal en las heridas.
No quieres hablar, ni ver a nadie y te dejas llevar por el mar de una ilusión en la que te sumerges creyendo que ahí estarás a salvo de todo, pero se acaba el tiempo y lo sabes. Esas soledades que nadie te soluciona esas preguntas con tus respuestas y esos días de querer follarte la soledad para que se vuelva algo más amable y menos amarga. 
El vacío de un estómago que no ruge por sus huecos, que cree oír cascabeles en el silencio y por eso calla.
Nadie te puede solucionar cuando conoces lo que ocurre y eres parte de ese trocito de verdad. 
Más tarde es de noche y te encuentras en mitad de las luces acosada por tu propia cordura preguntando que haces ahí. Mientras contesta tu soledad gritando que no quiere ser soltera de por vida y que por mucho que se junten sus cuerpos nunca encajan, que por mucho que intente no llorar en silencio no se ve capaz de susurrar

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