Me deslizo inevitablemente contra mis miedos cada vez que las luces se tornan y me ignoran incluso en el día.
Cada vez que le robo a mi mente nuestras palabras me aproximo más al ente que vaga por mi cuerpo que al ser que lo habita. Esa sensación... ser incorpórea al enterrarme en las sábanas, sin reconocer los sonidos o las imágenes que se agolpan en mi propia litera.
A veces incluso cierto cosquilleo satisfactorio me recorre cuando el dolor desgarra y se abre camino para acariciarme el corazón, después de todo aún siento.
Aún te extraño cuando me acaricias, porque sigues ausente.
Algo, es decir poco.
Aún te extraño cuando me acaricias, porque sigues ausente.
Algo, es decir poco.
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