lunes, 24 de septiembre de 2018

El tiempo y tu distancia gritan miedo.
Sollozan compromiso, mientras lastiman el alma que amas por asfixiar cuando procuras caricias.
Me clavan los recuerdos de besos pasados que ya dejé atrás, pero procuran volver susurrando promesas incautas e incoherentes.
Que antes de todo van los sueños y en la lista, van los míos. 
Me vas desplumando a cada palabra y ahora que ya me encuentro desnuda no me queda nada para soltar más que lagrimas por no poder corresponder.
Que el pasado dejo hoyos demasiado profundos como para taparlos con sueños ajenos y parece que las heridas siguen sangrando por lo propio cuando se habla de lo compartido.
Nunca he sido precisamente inteligente en lo que se refiere a sentimientos, más bien me he considerado medio cactus con azúcar glas por encima y ahora ya no sé como gestionarlo.
Sólo puedo afirmar que el compromiso no es lo mío y me encuentro recorriendo el camino de mi vida acompañada del azul profundo, del brillo de sol y el olor al salitre de mi piel.
Que la libertad de pasos resonando a mi lado, me calma más que la seguridad de un hogar.


miércoles, 5 de septiembre de 2018

Hoy la guerra devastó el corazón, el grito retumbó en el mundo. En silencio.
Te pido perdón si te lastime el corazón, pero no quiero lo que me hizo mal. 
Hoy pude ver quién soy y me entiendo.
Esta es mi revolución, andar el camino, derramar el amor que llevo dentro, que mi nervio no inunde, que el suelo no tiemble en cada instante. 
Que los cimientos no se derrumben, que lo oscuro del juego no los cubra.

La historia que he vivido se desnuda en mis labios y la paso a cada beso.
Aveces añado sal con limón a los tragos fuertes y espero a que me embriague la calma que acaba llegando.

Los rayos atraviesan de norte a sur y la luz descubre mis ojos, la mirada se levanta y el corazón me palpita. Todo lo bebí, todo lo lloré. 
Nada me sació.

Soy naufrago en el pensamiento, errante a ninguna parte, la luna me queda cerca y saturno me ofrece más.
Mientras... en la tierra no dejo de caminar, sin rumbo soy naufrago a ningún lugar.

Ya tumbe mi sexo sobre ti, desarmé mi mundo y el puzzle no encajó.

Lo siento, no entiendo... tu prisma de caras inconexas que me hicieron sentir el deseo en una cama desierta tirándome al suelo, haciéndome ganar un sin sentido más.

Ya tuve tu piel y morí.
Sigo sedienta, pero comer me calma más que tu cianuro. 

La tierra sienta mejor

lunes, 3 de septiembre de 2018

Zacualpan


Las risas de los niños, sus caricias, sus abrazos...son lo más preciado que me van a dar, su tiempo.
Sus energías y ganas de jugar incluso entre la pobreza más absoluta.

Sus ganas de aprender sin recursos, ni nadie que les enseñe.

Todo eso es lo único que me anima a volver a ir, a llevarles cuentos de niñas luchadoras, escaladoras, alpinistas, pintoras...De niños que deciden ser niñas, de mujeres indígenas que como ellas, y siendo de la misma tierra, arrancan fuerza al río, a sus cascadas y arroyos para inundar todo con esa luz. 

Con esa inocencia consiguen que todo cambie y que la tierra siga latiendo incluso cuando la suciedad de sus cuerpos hace que se te pare el corazón.

El mundo no sabe de vosotros, las personas desconocen pero la gente lo sabe y la humanidad se pierde.

Y en este transecto me encuentro, sin recursos más que mi tiempo y juegos, con poco más que galletas y pinturas para daros.
Desesperada por no poder hacer más cada fin de semana, buscando la manera de llegar más allá de lo que ahora puedo ver.

Vosotros seréis el legado del mundo, de la historia y de la tierra. Vosotros seréis lo que queráis ser.