Me agarras de la cintura, llevándola hacia ti con fuerza, acercándote a mi, sin un cm. entre nosotros, arrancándome la blusa y lanzándola lejos para que no vuelva a cubrirme.
Tan solo tu respiración agitada sobre mi cuello.
Te beso mordiendo tu labio inferior y estirándolo hasta que nuestros corazones dicen basta y se detienen a la vez desesperados por no poder elevarnos hasta las nubes.
Bajo la cremallera de mis vaqueros ajustados, colocando tu mano sobre ellos, mi cara se torna con el contacto de tu piel en mi cuerpo, te miro de otra forma.
Te quito la camisa como si no hubiese mañana, te beso comienzo en tu hombros paso por tu cuello y mi lengua se desliza hasta llegar a tu ombligo suelto el botón de tus pantalones y esta los roza sin ningún miedo, mi mano entra en los bolsillos traseros de tus pantalones haciendo que estos se deslicen cada vez más hacia abajo.
Me desnudas por completo ya no queremos velos que nos cubran, no son necesarios ni si quiera nos miramos tan solo buscamos una cosa, sexo.
Tú no lo piensas y me lo das de tal forma que de una embestida estas dentro de mí, haciéndome temblar.
Cuando los dos estamos a punto de llegar a la cumbre de nuestro límite, todo se vuelve gris; no soy capaz de distinguir nada, y con un solo movimiento no sólo conquistamos la cima, sino que nuestros cuerpos exhaustos se desploman sobre la cama, jadeantes, tan sólo moviéndose por nuestra respiración, que, poco a poco, se vuelve más lenta y estable.
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