Me proteges de la lluvia insistente de las tormentas de verano y sirves de pantalla ante la mirada indiscreta de aquellos que conocen la zona y me identifican como extraña.
Nadie me conoce, ni yo a ellos. La novedad introducida en la rutina, causando un revuelo inesperado de silencios incómodos y miradas intensas.
Solo escuchamos el paralizante sonido de las gotas de agua entre la trayectoria de nuestras miradas, hasta que chocan, se encuentran de bruces.
Te vi y ya no dejaré de hacerlo.
Te probé y no te dejare escapar
Te observe y nunca más despertaré.
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