Me apetece despertar en los algodones de sábanas ajenas, en medio de una noche profunda para poder atraer a la luna, llevarla hasta tu cama y que ella nos diga cuando despertar. Atarla a la pata derecha de tu cama para que no escape y nos acompañe hasta que ella duerma y no se nos permita despertar al sol.
Lugares donde pararse a mirar, tirar piedras y lanzarte al suelo, sacudirte la tierra de los parpados al abrir tu mente y hacerme una coleta.
Ser la esclava del vicio de azúcar, mientras nuestra luna quiere irse y al sol lo buscan
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