El contrato social que esclaviza, la letra pequeña enterrada en un sí, quiero.
La tumba del alma rota y silenciada por la costumbre social de formalizar y establecer un contrato, simplificando y reduciendo un amor de dos vidas a un estado civil. Que sumado a una corriente religiosa aún se vuelve más confuso.
Para qué, si luego puedes hacer añicos ambas vidas con una sola palabra.
Rudimentaria unión al que todo el mundo o al menos la mayor parte de este, tiene la expectativa de lograr. Creyendo que la simplicidad de un cuento es factible en una realidad desgarradora en la que todas esas ilusiones se reducen a una palabra y su opuesta. Matrimonio, Divorcio.
Ya puedes besar a la novia y mirar al rededor, comprueba tus cadenas que no te acercan a la persona a la que amas si no a la aceptación y continuidad de una tradición que por lastima persiste.
Encadenado a un cliché.
Firmando tácitamente un contrato que inicialmente fue la venta de personas desconocidas más relacionado con sus posesiones que con ellos mismos.
Follate al cura, al matrimonio civil y a las expectativas de una sociedad que no comprende los sentimientos.
Lo más probable es que si realmente estás enamorado estés muy jodido, no va a ser fácil, querrás matar a esa persona tres o cuatro veces en una semana buena y comerla a besos el 80% del tiempo que no esteis juntos y cuando por fin tengáis un rato entre clases y trabajo estaréis demasiado cansados de la vida como para tener fuerzas y miraros a los ojos.
Lo sé, esto es una visión un tanto pesimista, muy bien, habrá momentos geniales, reiréis o simplemente estaréis en silencio en la cama tumbados uno junto a otro. Y si lo más probable es que el sexo sea...ufff, simplemente impresionante
Pero si estás tan jodidamente enamorado (por muy cursi que sea) como lo estoy yo, comprenderás que vas a sufrir, que os va a costar y que no todo es lo que nos cuentan. Y sinceramente creo que ningún cura, juez o persona podría casarme más de lo que "estoy" ahora mismo, y para colmo, ni siquiera necesito que ese sentimiento sea correspondido, me basta con que esté ahí. No necesito dormir todas las noches junto a él aunque me gustaría, y no hacerlo me duele y al mismo tiempo me hace más fuerte.
Sé que los cuentos son pesadillas traducidas para embaucar y que lo más valiente no es creer en ellos a ciegas sino comprender que no será así y aun querer seguir adelante.
Que por lo único que te levantas y soportas algunos días tras otros es porque está ahí, para pegarme por olvidarme cafés, para mirarme como si estuviera loca, por mirarme con esos ojos y de esa forma.
Por soportarme todas las noches por teléfono aunque esté agotado.
Por hacerme reír.
Por quererme
Por ser el y yo.
Nosotros y el ya se verá que empezó en una playa y que firmamos a la semana metidos en su cama.