La niña lanzó sus labios a los sueños y cosió ese beso a la nota de sus deseos.
Mes tras mes, espero el regreso de una carta o como mínimo unas palabras.
Año tras año, creyó que ese beso se había perdido en los caminos.
Pero día a día, lo recordaba, y una mañana se encontró con una nota en su ventana:
Por el beso mas cálido,
La noche mas larga
Y el invierno mas frió.
Su corazón acompaño al viento, que la arrastro junto a lo que ella quería, pero nunca hubiera imaginado el contestador automático introducido en el cuerpo de un hombre de hojalata.
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