Mis ojos no logran enfocar tu silueta en la penumbra, no consiguen descifrar las coordenadas de tu posición.
Hasta que siento de nuevo tu mano, te encuentras bajo mi cintura y tu boca llega a mis entrañas inundándome con un cosquilleo huidizo que atraviesa mi cadera de un lado a otro, el cual logra hacer que me estremezca, que tiemble y que clame esta sensación.
Pero no articulo palabras solo balbuceo y en ocasiones, hundo mis manos con más fuerza en la almohada en un intento de no rasgarme la piel de manera inconsciente.
Hiperventilo y me quedo sin aliento, me levanto levemente y te paro, para más tarde poder sucumbir juntos a nuestro futuro.
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