Otra vez en tus brazos, con tu aliento cálido agitándome los pensamientos al descubierto en la tarde, en la cual además de los primeros tintes rosas mezclándose en el cielo, se pintan las primeras sombras de las estrellas, aún no brillan con todas sus fuerzas, la esfera anaranjada que se desplaza encima de los árboles les quita protagonismo, pero en el momento en el que esta desaparezca, no solo brillaran las estrellas también todo lo que se encuentra en esta cúpula, que rodeada de oscuridad tranquiliza a pesar de su inquietante estatismo.
Ya han apagado las luces y en este silencio tu voz me ayuda.
-Descansa
Mis párpados se cierran, tu mano me acaricia la mejilla como de costumbre.
Porque en una noche como esta, solo nuestras respiraciones se acompasan escapándose de nuestros cuerpos para poder soñar juntos, incluso cuando todo lo que nos separa son unas estaciones.
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