Tu voz suave entre la sombra de los árboles se deslizaba, junto con el sonido de miles de hojas cayendo sobre otras ya marchitas.
La magia de ese recuerdo retumbaba en mi cabeza creando la añoranza que plaga mi corazón, la lluvia es lo único que me distrae de ese pensamiento con el susurro de sus gotas mientras camino por la acera húmeda, repleta de anodinos paraguas.
Mi mirada se pierde en el frente, solo puedo ver en él la venganza que se cobró el cielo en su lugar y a pesar de que me encuentro en un estado de tensión absoluta me relajo pierdo la cabeza y me desplomo dentro de mi.
El pie izquierdo avanza, se detiene y le sigue el derecho, una rutina más, caminar sin rumbo guiada por el zafiro que reluce invisible a tus ojos.
Al fondo además del espejismo de tu imagen y del atormentador sonido de tu voz, puedo escuchar el traqueteo de una persiana, solo espero que el agua que resbala por mi frente me carcoma para que termine por unirme a los charcos.
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