Y lo rompo, otra vez.
Escribir, leer, romper.
Esa ha sido mi rutina durante todas las noches en dos semanas.
Desenlace:
"Mataría el aire que roza tu garganta, por sustituirlo todas las mañanas"
Y después de eso creer que no queda nada más.
Llegar a casa, sentirme estúpida por todo lo que he pensado.
Hablar contigo, relajarme y cuando cuelgo, que mil ideas se apoderen de mis manos y sin darme cuenta tenga tus tarjetas...y no solo las tuyas.

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