Niño, adolescente, persona y finalmente, viejo.
El proceso que nos somete la apariencia, que nos impone las respuestas, las reacciones y las opciones.
Regañinas, mañas, excusas, juegos y exigencias.
Límites y pensamientos poco recomendables, temas tabú y años prohibidos.
Pensamiento de posibilidad, creencia de opciones, imaginación en busca del espejo en el que reflejarse y convertirse en la imagen de la persona, sin encontrar ni un lago en el que las aguas no se enturbien con el paso de una mirada, ni un espejo que no esté hecho añicos.
Final que no llega, impotencia, ansiedad y finalmente la aceptación a la cual nos someten sin previo aviso.
Un proceso más frecuente de lo que debería, el cual solo es descubierto cuando la aceptación llega en la vejez o cuando se ve más de lo que se requiere y esta no viene impuesta por la minusvalía física o mental, cuando ella te destroza las esperanzas y te da tiempo a reconstruirlas para llegar a lo que se cree necesario, “persona”.
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