El sol se cuela entre los cristales, el traqueteo incesante marca un ritmo parecido al caos y el desorden.
La gente habla, pero nadie escucha, ni atiende, ni ve.
Y después, al fondo el horizonte que dependiendo quién lo mire cambia de forma.
Las primeras persona, miran el horizonte y observan una linea fija, estática y con un fin definido.
Los segundos, solo se ocultan y apartan los ojos para no mirarlo, para no descubrirlo, ya que ellos tienen la posibilidad de hacerlo.
Mientras que los terceros, saben que el horizonte visible no es el real, solo la apariencia, lo buscan sin saber por qué y ven los cambios causados por su avance, por su movimiento en cualquier dirección. Sin darse cuenta de que conocen su final, aunque aún no lo sepan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario