Devorándome por dentro, la sensación de querer gritar se acentúa.
¿Por qué no digo nada?
Supongo que al fin y al cabo lo que nos conviene, es lo que hacemos.
Pero en mi caso no es lo que me conviene, o no del todo. Es lo que le conviene a los demás.
Sentirme estúpida por no romper con todos los esquemas, gritar e irme.
Lo más relajante y complicado...
De mi mano solo salen palabras, que tras enmarañase en mi conciencia, llenan el papel.
Por desgracia, aún no sé hablar escribiendo, ni inventar realidades, esto ultimo, más comúnmente conocido como: mentiras.
Me queda lo mismo de aprender, como de aguantar y eso que ya me he cansado.
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