Lanzarme a tus brazos y tirarte al suelo en medio de la acera, haciéndote rodar mientras llueve y nos empapamos.
Besarnos hasta que no sienta los labios, amoratados por el frío.
Que tus brazos me rodeen, cálidos y seguros, como siempre.
Mientras mi sonrisa te cubre y su sonido, oscila entre la locura y la satisfacción de tenerte cerca, alejando todo lo demás.
Y cuando dejemos de rodar, tomar un café, entre come-cocos y flores de loto de servilleta.
Ojear las expectativas de futuro, sintiéndolo todo y sin la seguridad de saber algo más que eso.
Y sin darme cuenta, por una vez me da igual no fiarme del tiempo y lo que ello conlleva.
Que el luego nos queda lejos aunque el reloj avance, porque podré sentir lo mismo una y otra vez, al recordar tu forma de mirarme.
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