Guerra y miseria marcando el rostro de madres con hijos huérfanos, viudas de cariño y atestadas de lagrimas perdidas entre los disparos de un pueblo en contra de su sangre.
Dinero, pagando las vidas que en estos momentos dejan un reguero de injusticia.
La lucha desesperada por sobrevivir a un bombardeo constante, que persigue la sumisión ante la negligencia y el totalitarismo.
Impotencia de ver las muertes, de sentirlas a cada segundo y no conocer si es una consecuencia de mi conciencia que me traiciona o es la realidad, de un niño al desplomarse. Mientras los mundos distintos observan, apostando a la resistencia que ya no existe, a la futura incapacidad de nuestras elecciones entre la vida y lo que nos dan.
Tu vida y la mía siendo cambiadas en estos momentos por las decisiones de otros, empatía que duele por ver los resultados de la espera.
La negación de lo necesario.
El veneno imparable que ya se extiende por mi cuerpo al igual que por los cuerpos inertes.
La masacre de la que somos responsables, aunque no queramos.
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