Que te deje de importar respirar H2O.
Perderte en la profundidad de un sueño donde el kraken te persigue, mientras surcas las olas de palabras encima de movi-dick gritando por la espuma de las letras lo que no sucederá, porque todo acaba cuando despiertas.
Lo primero que ves, el cielo azul de la pintura de tu cuarto.
Lo segundo que piensas: Ojalá llueva
Lo tercero que haces: dormirte despierta
Lo cuarto que esperas: día acaba ya o yo acabaré contigo.
Y así día tras día, queriendo despertar en los ratos libres de un sueño, donde lo que sientes son las plumas de las alas que te acogen despegando, para como no, poner por fin los pies en la tierra, sembrarte en un huerto hasta echar raíces y terminar los rayos de sol que desprende tu iris cuando no recibe luz.
Entonces, es cuando realmente despiertas, abres los ojos, y ya no hay nada que ver, ni pensar, hacer o esperar.
Y ese entonces determina cuando dejas de soñar, pensar o creer y te unes a una masa devoradora de imágenes, usurpadora de personalidades que estampa en todas las caras el mismo prototipo.
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