La tez pálida cubre su frente aún resplandeciente, que por el peso de los años parece entristecerse.
Curvas sobre puestas, arrugas marcadas que dejan un vago recuerdo de la belleza de su juventud y realzan la que posee, una luz deslumbradora.
¿Quién dice que al envejecer se apaga?
Para mi se enciende, ese aspecto, esa mirada que se queda dibujada en mi pupila cada vez que me enfocas y te descubro.
Tus años están a tu lado y las perdidas se hacen presencia en tu rostro que cada vez se ve más afectado, por una perdida más, lenta y progresiva, inevitable y dolorosa.
Darte cuenta no solo de ello, sino de que acompañaras a esa perdida hasta que dejes de recordarla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario