miércoles, 9 de noviembre de 2011

Morfeo

Morfeo me ha vuelto a dejar tirada a oscuras en el lecho de mi cuerpo enredado en las sabanas dando vueltas impaciente por un amanecer que no llega, por un amanecer abriendo los ojos en tu pecho, con una mano sobre mi pelo, destapados y arropándonos con nuestros cuerpos.
Abro los ojos una vez más pero la misma oscuridad que antes reflejando la soledad de mi cama.
Telarañas de sueños sobre mi cama, los que ya no imagino porque solo uno de ellos se repite en mi inconsciente impregnando polvo en las estanterías, entre ellas, los marcos con las sonrisas de una niña que solo era feliz.
Quién diría que es difícil soñar o que incluso prefieres no hacerlo.
¿Por qué todo el mundo cree que los únicos sueños que se pueden odiar son las pesadillas?
Te puedo asegurar que no...cuando un sueño es tan dulce que cuando despiertas prefieres seguir dormido, tu verdadera pesadilla es el mundo en el que vives.
Pero aún no he descubierto que sensación es peor, darme cuenta de lo que se me cruza en la cabeza al pensar en ello o el despertar noche tras noche sintiéndolo tantas veces que te aterra dormirte de nuevo.
La solución temporal...seguir soñando una vez despierta, mientras camino, mientras hablo, mientras crezco.
¿Alguna otra?

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