Apagas las luces, te diriges a la cama, todo esta oscuro y lo único que eres capaz de distinguir, es mi voz, que protegida con las sabanas, hace que la luna nos cuente las estrellas que puede ver.
La noche brilla, una vez que el sol se a apagado.
Como no envidiar tu almohada, si es ella la que recoge tus sueños, mientras yo imagino tu figura en los pliegues del edredón.
Mi pecho, acompaña a los lobos en las sobras, aullando a un astro lejano y desconocido, mientras tu descansas cubierto por el roció de mi imaginación que se cuela por tu ventana abierta, para mi y el mundo.
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